Entradilla

Las afortunadas Islas Canarias desde una peculiar mirada hacia sus lugares más emblemáticos, su gastronomía, su historia, sus gentes y sus costumbres
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viernes, 15 de octubre de 2010

Las Pirámides de Güimar


Una tarde cualquiera decidí acercarme a contemplar estas pirámides, que hoy forman parte de un Parque Etnológico, y que no descubrí hasta que un día, por casualidad, ojeaba un libro sobre el litoral tinerfeño.

Al igual que ocurre con la incierta procedencia de los aborígenes de las Islas Canarias, el origen de estas pirámides está rodeado de múltiples teorías y leyendas, tanto en lo relativo a su autoría como a la época en la que fueron construidas. Tres son las principales teorías:

1- Una dice que las pirámides están orientadas astronómicamente y que en sus tiempos fueron templos guanches.

2- Otra asegura que estas piedras no proceden de las tierras cercanas, sino de rocas de lava convenientemente tratadas (también por los guanches, que habrían vivido bajo una de estas pirámides).

3- La mayoría de los arqueólogos asegura que el origen de estas pirámides, también conocidas como Majanos de Chacona, corresponde al siglo XIX, y que su nada tiene que ver con las tribus aborígenes. Al parecer, las piedras que forman las pirámides habrían sido retiradas de las fincas de la zona por los agricultores para poder explotar en ellas la ‘cochinilla’, un tinte muy apreciado en aquellos tiempos. Cuesta pensar que se trate de piedras amontonadas al azar, pero las otras teorías, al parecer, son todavía más increíbles.

La entrada al recinto, si no recuerdo mal, supera los 10 euros, aunque yo me ahorré ese dinero porque cuando llegué ya iban a cerrar. No me arrepiento, ya que desde fuera se veían perfectamente, como demuestran todas estas fotos.

jueves, 19 de agosto de 2010

Caminata a Candelaria, 14 de agosto de 2010

Peregrinos hacia Candelaria (Foto: Auro)
Geneto, La Laguna (Foto: Auro)
El 15 de agosto se celebra cada año la fiesta en honor a la patrona de Canarias y un día antes miles de peregrinos llegan en masa hasta Candelaria procedentes de todos los puntos de la isla de Tenerife. El pasado sábado, 14 de agosto, decidimos sumarnos a esta antigua tradición y recorrer junto a Vane, Emiliano y un grupo de amigos y parientes suyos los cerca de 30 kilómetros que separan La Laguna de Candelaria.

Puestecito de bebidas (Foto: Auro)
Comenzamos nuestro periplo en el Camino de San Miguel de Geneto, muy cerca de Padre Anchieta, la penúltima parada del tranvía que une Santa Cruz con La Laguna. Tras cruzar los barrios de Geneto y Sobradillo, el recorrido continúa por la antigua carretera del sur, que atraviesa San Isidro, El Chorrillo, Barranco Hondo y Las Caletillas, siendo ésta la parte más bonita y amena de la caminata.

Debido al elevado número de personas que marchan hacia Candelaria, la Policía corta la carretera y decenas de puestecillos proliferan por los arcenes vendiendo refrescos, bocadillos y en general todo tipo de víveres. Nosotros paramos en Geneto y posteriormente en dos concurridos bares de Barranco Hondo y Las Caletillas, donde llenamos de Arehucas nuestros vacíos depósitos de combustible.

Fuegos artificiales (Foto: Auro)
El camino es bastante cómodo, con un descenso continuado que sólo se interrumpe poco antes de llegar a Barranco Hondo. No obstante, la parte más dura es la última, desde Las Caletillas hasta Candelaria, una recta que se hace interminable tras la acumulación de kilómetros en las piernas.

Bañito en la playa (Foto: Auro)
Una vez en la Villa Mariana, el ambiente es espectacular, con miles de personas abarrotando las calles, muchos peregrinos refrescándose en las playas y magníficos espectáculos pirotécnicos. El momento culminante se produce cuando el peregrino se topa con la virgen, que es sacada en procesión por las calles de la localidad. Nosotros tuvimos la suerte de encontrárnosla en la primera de las playas de Candelaria, por lo que no fue necesario caminar hasta la Catedral.

Candelaria, abarrotada (Foto: Auro)
Durante la procesión, la virgen es sostenida por tipos ataviados con pieles de cabra y cordero, es decir, con los tradicionales ropajes guanches. Y es que, según cuenta la tradición, los aborígenes de la isla ya fueron los primeros en adorar a Candelaria, mucho antes de la llegada de los cristianos.

Como colofón, la mayoría de peregrinos y vecinos de Candelaria decide continuar la fiesta en las animadas calles de la localidad, pero nosotros optamos por visitar el particular guachinche regentado por la madre de Vane, cuyo menú consistió en papas arrugadas, carne de conejo, buen vino y un sinfin de exquisitos platos. La gente suele realizar la caminata tras haber hecho alguna promesa, así que yo prometo volver el año que viene si me toca la Lotería, apruebo unas oposiciones o el Atleti gana la Liga.

La Virgen sostenida por los guanches (Foto: Auro)